La antropología y la historia yucateca, y buena parte de la literatura y los letrados yucatecos, son hijos del racismo y del desprecio que tienen hacia los mayas. Los despreciaron tanto, que se volvieron en sus curadores, en sus más grandes estudiosos, en sus historiadores exquisitos, poetas y etnógrafos y gramáticos de la lengua maya. Por supuesto, desde su criollismo blanco, interpretaron a la cultura de los "vencidos", de los "bárbaros". Esta interpretación racista se dio hasta bien entrado el siglo XX. Aún recuerdo la anécdota que el antropólogo de Ixil, Tec Poot, le contó a Miguel Alberto Bartolomé, cuando, siendo de los primeros mayas en ir a la facultad de antropología de la UDY (hoy UADY), sus condiscípulos de la "Ciudad Blanca" le dijeron: "no sé por qué viniste antes, nos hubieras esperado, pronto iremos a tu pueblo a estudiarte". Lo bueno que, de algún tiempo a esta parte, esta decimonónica perspectiva ha sido totalmente rebasa...
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.