Después de constituirse como Estado libre y soberano, Quintana Roo, con su mendaz clase política que vino posteriormente, aparece, a ojos de este historiador peleado con Prisciliano el cronista, un enano subido a hombros de gigantes. Uno de esos gigantes, el mejor gobernador del territorio, sin duda alguna fue el preclaro estadista de Huichapan, Javier Rojo Gómez (1896-1970). Rojo Gómez venía de una larga experiencia de mando del periodo postevolucionario: había sido de todo antes de llegar a ser hasta gobernador de su estado natal, Hidalgo, y padre y padrino de gobernadores del grupo que había creado. Rojo Gómez le dio cabida a los intereses políticos nativistas, designando a un quintanarroense como su secretario de gobierno. Rojo Gómez tal vez sea el gobernador del Territorio que supo de la invaluable importancia de generar diversos polos de desarrollo en esta parte oriental de la Península: le dio fuerte impulso a la agricultura, a la industria de la caña en la r...
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.