(Texto escrito el 16 de enero de 2013) Bajando del autobús de Mérida a Peto, pedí a un “tricitaxista” que me llevara, pues traía libros y documentos. En el trayecto, señalé que no llovió en el pueblo, pensaba que sí, porque en buena parte del camino la lluvia estuvo dale que dale. El hombre, como de 30 años, me contestó: "Pues no, no vinieron los chakes, y eso no va a estar bueno para los cítricos ni para la siembra..." Estas palabras desencadenaron unas preguntas incisivas que le hice al "obrero del pedal": que si se dedica a la milpa, o si tiene una parcela donde siembra. Me dijo que en la "temporada alta", trabaja de cocinero en Playa del Carmen, y que cuando no hay mucho trabajo, se regresa al pueblo y se va a “unas tierras” donde tienen cítricos, algunas colmenas, etc, y donde siembra maíz, frijol, calabazas, ibes, camote y yuca. Al final, justo enfrente de la puerta de mi casa, me dijo que su ejido es el ejido Guadalupe...y mi memoria trajo a ...
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.