miércoles, 15 de abril de 2026

Contra los adoradores y exégetas del Punto Put: apuntes desde mi peninsularidad



 

Me extraña que algunos defensores del punto Put homogenicen a los yucatecos todos, con el adjetivo falaz de descendientes de hacendados, o a campechanos, como descendientes de filibusteros contra los cuales pelean los “mayas” blancos de los indistintos comités que ha habido, en defensa del “punto put”.

En realidad, no hay un conflicto más que el que segregan los grillos (mestizos, urbanos) de una patria imaginada, los exégetas del tótem Punto Put porfiriano extrañamente encasquetados en sus ciudades costeras (Chetumal), o bien, yucatecas como Carrillo Puerto, hecha también de innumerables migrantes yucatecos que han contribuido al enriquecimiento de QRoo.

Las fronteras entre Yucatán y Quintana Roo, si hablamos de las redes familiares, de los parentescos, de los lugares de origen de innumerables quintanarroenses, descansan en el sur de Yucatán o en el oriente de Valladolid. Esto lo puede usted comprobar si visita todos los pueblos de la frontera de José María Morelos con Yucatán.

Claro que uno puede ir por el errado camino de confrontarse con discursos de más peso y de más sedimento histórico, por defender el suelo de mi patria chica -cosa que jamás haría-, pero considero que lo más importante es cómo una política transpeninsular pueda generar desarrollo que contribuya con la sustentabilidad a esa enorme franja de territorio de la parte fronteriza entre Campeche-Quintana Roo, y Quintana Roo-Yucatán, los olvidados de las tres zonas de desarrollo en la Península. Los adoradores del punto Put, los exégetas del Put, no entienden eso, y se aferran a su chauvinismo desastrado.

 

Ya lo había apuntado Rafael Robles de Benito, en un texto para La Jornada Maya de hace unos años:

"Con tren maya o sin este, un "conflicto" que nada mas sirve para justificar el presupuesto del cual viven algunos políticos en la Península: "...Nunca fue un conflicto entre los habitantes originarios – mayas todos – ni entre los diferentes miembros de las comunidades mestizas y de inmigrantes, que se han distribuido por la península estableciendo lazos familiares y de negocios, y cierta identidad cultural...La ridícula perspectiva de patria chica y politiquería fácil, que no busca más que el voto sin más compromiso que la consigna vacua, impide que se avance en la creación de acuerdos que soporten acciones ambientalmente sensatas, socialmente pertinentes, culturalmente aceptables y económicamente rentables. Pensar que hay que vencer al vecino moviendo o no una línea limítrofe sin mayor sentido basado en las características del entorno, es poco menos lo mismo que darse un tiro en el pie. Pero estamos por lo visto empeñados en echar sal a la herida resultante, subir el tono de discursos y declaraciones dramáticas, e invitar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a perder su tiempo en la discusión de lo que tendría que ser mera trivia...".[1]

 

LAS RAZONES DE LOS YUCATECOS O CONTRA LOS RITUALEROS DEL FANTASMAGÓRICO PUNTO PUT MADE IN COMITÉ CURVATERO

 


Los yucatecos no quieren eso, no les interesa un metro del estado de Quintana Roo, respetan los límites de Quintana Roo; por el contrario, algunas mentes afiebradas de Quintana Roo, chauvinistas del Hondo, quieren no metros sino kilómetros de Yucatán.

Lo único que piden los tres poderes de Yucatán, leyendo el informe, es que los límites no se modifiquen, están bien así. Por el contrario, los "eximios" del Comité pro defensa de los límites de QRoo, los ritualeros del Put porfiriano, piden incluso la desmembración de varios municipios yucatecos de la franja con QRoo. ¿Pues qué les pasa? ¿Cómo crees que van a reaccionar los yucatecos -que ellos sí tienen derechos de reclamos históricos-, aceptar sin más otra afrenta al suelo de su patria chica, cediendo una franja de tierra a un Territorio creado en tiempos de la dictadura del genocida de los mayas, Porfirio Díaz?

No hay reclamo que valga, y en este tenor, los yucatecos tienen razón.


"EL PUNTO PUT SERA LA BRÚJULA PARA SEPARARNOS DE LA FEDERACIÓN"

 

Apuntes de abril de 2020

He leído con estupor y tristeza, que algunos chetumalenses, de la logia del curvato, ya se sabe, quieren la separación o les mueve un impulso separatista: salir del pacto federal fiscal, quesque porque QRoo aporta mucho (aunque no diga que ese mucho se lo tragan los turisteros extranjeros). Desde mi peninsularidad bien mexicana, les respondo:

"¡Que lamentable y ocioso comentario! ¿Ustedes han pasado de defender puntos put imaginarios, a pedir la separación de Quintana Roo? Vaya, vaya. Recuerda que el proyecto Cancún y toda la infraestructura de este estado, vino del centro. Aquí, hasta muy entrado la década de 1960, solo había chicleros rajacañas y hasta ahí. Vaya, vaya!!"


La diáspora de los xquerolitas para convertirse en el pueblo de X-Noh Cruz

En el último pueblo de la región de Candelaria, X-Noh Cruz, platiqué unos momentos con el comisario ejidal, Abdalón Caamal Poot. Don Abdalón es oriundo de Uaymax, llegó a X-Noh Cruz siguiendo con sus padres la "diáspora" de buena parte de los de X-Querol cuando se dio el conflicto agrario con los de Ichmul a fines de la década de 1970: los de Ichmul alegaban como cosa suya las tierras de X-Querol y hasta el pueblo mismo, que se encontraba en la comprensión del ejido yucateco; aunque el pueblo de X-Querol se encontraba, por otro lado, dentro de los límites de Quintana Roo.

X-Noh Cruz fue la tierra prometida a los de X-Querol que no quisieron nada con Yucatán, el gobierno de Quintana Roo de ese entonces los invitó a fomentar el NCPE de X-Noh Cruz, ubicado a más de 100 kilómetros de distancia (así de grande es el municipio de José María Morelos). Los antiguos xquerolitas, no lo pensaron dos veces,  cargaron hasta con sus gallinas y guajolotes, pusieron todas sus pertenencias en los camiones que el gobierno de Chetumal dispuso para la diáspora, y hubo uno que otro que le empotró cartuchos de dinamita a su casa para no dejar nada a los de Ichmul, y emprendieron el camino del "exilio", se convirtieron en un nuevo pueblo para fomentar uno de los últimos ejidos que colinda con el Punto Put, y que era camino antiguo de los madereros que sacaban trozas de caoba y cedro.

No hay inmovilidades culturales que valgan la pena cuando no existe la sobrevivencia del pueblo, y en ese sentido, me comenta Abdalón, los viejos xquerolitas dejaron de serlo, para convertirse en x-nohcruceños que, con la cercanía con los colonos veracruzanos y guanajuatenses de Puerto Arturo, sus vecinos, aprenderían técnicas más modernas de labrar la tierra en "puro mecanizado", dejando atrás a "la milpa rústica" (palabras de don Abdalón). Hoy están metidos en la labranza de sandías, jícamas y cacahuates en el mecanizado, y son los guardianes de una considerable extensión de selva virgen dentro de sus mensuras.





 

 



[1] Rafael Robles de Benito. “El ridículo conflicto-limítrofe”. La Jornada Maya. 24 de febrero de 2020.

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