Chetumal es una elegía que se eructa en el recuerdo de una borrachera. La grupa de Payo Obispo, una barcaza donde muchos subían para remar a contracorriente de su amor mercenario en el río Hondo de la tristeza de Chetumal y sus quimeras moribundas. La verdad, no sé si la bahía golpeó alguna vez con su salada brisa el cabello matutino de la mulata de cadera arcillosa. Le declaré mi odio (a Chetumal y sus recuerdos), y ella me tentó como respuesta abriéndome las puertas de su ciudadela.
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.