César Vallejo murió de hambre en París. ¡Qué perro coraje me repta! El mejor poeta de habla española del siglo XX murió con hambre, literal, con hambre en las tripas andinas. No tenía nadie un pan duro para regalarle, un mísero pan duro para sacarlo de los heraldos de la muerte y sus látigos malditos. César Vallejo murió de hambre en París, con aguacero y en jueves del cual tengo ya el recuerdo. Y tú, poetita de mierda inflado por filisteos ignaros, que te crees tocado por los dioses del presupuesto en tu gran culo de burgués inflado, rumias tus bien engordadas siluetas, eructando el apapacho que te dan los granujas oficiales que te celebran cada año tus mierditas de poemas pendejos, ¿dices que sufres por nada, viejo pendejo? Eres una pobre bestia que escribe malos versos y mala poesía estreñida. Pero César Vallejo ha muerto, murió en París, y nadie tuvo un puto pan duro que darle.
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.