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Defensa enésima del periodismo crítico


Por Gilberto Avilez

Yo siempre quise ser periodista y escritor. En mis años universitarios, fui corrector de estilo e hice pininos de reportero en un diario infame de Chetumal, pero sabía que, para escribir bien y pensar mejor, había que encerrarse a leer literatura y todo lo que se pueda. Eso se lo escuché una vez, cuando tenía 20 años, al poeta Agustín Labrada Aguilera cuando nos dio una clase de taller de redacción para estudiantes de derecho de la UQROO, hace muchos ayeres. Agustín no se acuerda porque yo era un simple estudiante, pero ya me había leído del poeta "La vasta lejanía" y su libro de crónicas "Más se perdió en la guerra". Tengo respeto al oficio periodístico, creo que ese oficio, "el más pinche del mundo" como dijo Taibo II, puede ser y es el mejor sortilegio contra la barbarie, contra cualquier tipo de barbarie. Escribo porque no puedo detener el teclado, fisiológicamente necesito escribir, y pienso que el periodismo es la cura, la droga contra el desencanto del mundo.

El único oficio que nos impide caer en la barbarie

En su célebre libro del mismo título, el gran historiador del tiempo presente y periodista supremo,Ryszard Kapuściński, dictaba cátedra de buen periodismo con una sola frase:

"Los cínicos no sirven para este oficio".

 

Cuando llegué a pedir trabajo a una redacción de un diario en Chetumal hace media vida, el jefe de redacción me dijo que por qué quería trabajar de reportero. Yo le cité esa frase del maestro polaco y no me entendió, y le cité otra, de Paco Ignacio Taibo II:
"El periodismo es la última pinche barrera que nos impide caer en la barbarie".
El burócrata que me atendió, aparte de que nunca en su vida había leído al polaco y a Taibo II, con el tiempo supe que era un completo bárbaro, dueño de un cinismo profundo con el que se refocilaba en apuntalar la imagen de la clase política corrupta made in Chetumal.


Yo no soy mula de carga de los poderosos en turno

"Cuando el seudo-periodismo se degrada a ser mula de carga de los poderosos en turno, recuerdo siempre la historia de El Gato Félix, periodista distinguido que con su pluma hizo temblar al gobierno.
Yo sigo los preceptos del Gato Félix, el periodismo verdadero es insobornable, inclaudicable, indomeñable... Prefiero morir de hambre a ser mula de carga de los poderosos..."
De un ensayo inconcluso sobre el periodismo en el Caribe mexicano


Pecios de un enamorado del periodismo


El periodismo partidista no pasa la prueba de fuego contra el periodismo combativo.

Los verdaderos periodistas nunca felicitan a ningún grillo por su cumpleaños. El periodismo es distancia y crítica ante el poder.

Lo que me preocupa no es la carencia de conocimientos de gramática del periodismo en el Caribe, sino su analfabetismo científico.

En los ámbitos de la literatura uno no está obligado a decir la verdad. En el periodismo y la historia uno está obligado a construir la verdad.


Lo que me preocupa no es la carencia de conocimientos de gramática del periodismo en el Caribe, sino su analfabetismo científico.

¿Los periodistas son activistas? No lo creo. Pero tampoco deben servir de comparsas o brazos ejecutores mediáticos del poder. El verdadero periodismo se hace buscando el enfoque más cercano a la verdad. Cuando el "Yo" y el "ego" hablan más en el oficio, uno deja de ser periodista.

Ni el historiador ni el periodista deben ser leales al poder. Solo a sus fuentes. Lo demás es política.

Del arte del dicterio

Veniste a pelear

Y ese es el trabajo del periodista.

Hiriente en la palabra,

El dicterio se hizo catedral de tus dudas.


Mi amigo Héctor, el periodista

Héctor es mi amigo, colega y camarada de parrandas y aventuras literarias en Quintana Roo. Héctor Cobá, el de luengas barbas. Un campechano que ha sembrado escuela en el periodismo en Quintana Roo, trabajando las cuestiones culturales, literarias y, a veces, cuando está aburrido, hasta temas políticos.

A Héctor lo conocí hace ocho años en Bacalar, en la Casa del Escritor que se encuentra frente a la laguna siete colores, donde simplemente me senté frente a él, en una mesa donde estaba, y solo para molestarlo porque veía que andaba escribiendo un artículo para la prensa y me interesó esa forma de escribir a martillazos con su lap. Héctor, ni se inmutó, siguió tecleando, pero me soltaba la plática y me respondía a mis comentarios. Le dije que yo igual era periodista, y me dijo que me había leído porque Cobá lee a todos para estar enterado de todo.

En Cancún, hace dos años, frente al parque de las Palapas hicimos un ágape literario en un botanero cercano, mientras libábamos cervezas tibias y cuestionábamos la política del estado y las cosas de Yucatán y Campeche. En 2024, Héctor recibió el premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón, un premio que reconoce su largo trabajo de más de tres décadas al frente de indistintos periódicos de Campeche y Quintana Roo.

Y sí, se trata de un periodista de la vieja escuela, pero a la vanguardia.

Desde Macondo Chetumal

El veterano periodista me dijo:

-La gente es estúpida, fácil de convencer. Si el Macho de Macondo quería que este frasco de sal fuera azúcar, nosotros haríamos creer a la gente que se trataba de azúcar.



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