lunes, 13 de abril de 2026

Defensa enésima del periodismo crítico


Por Gilberto Avilez

Yo siempre quise ser periodista y escritor. En mis años universitarios, fui corrector de estilo e hice pininos de reportero en un diario infame de Chetumal, pero sabía que, para escribir bien y pensar mejor, había que encerrarse a leer literatura y todo lo que se pueda. Eso se lo escuché una vez, cuando tenía 20 años, al poeta Agustín Labrada Aguilera cuando nos dio una clase de taller de redacción para estudiantes de derecho de la UQROO, hace muchos ayeres. Agustín no se acuerda porque yo era un simple estudiante, pero ya me había leído del poeta "La vasta lejanía" y su libro de crónicas "Más se perdió en la guerra". Tengo respeto al oficio periodístico, creo que ese oficio, "el más pinche del mundo" como dijo Taibo II, puede ser y es el mejor sortilegio contra la barbarie, contra cualquier tipo de barbarie. Escribo porque no puedo detener el teclado, fisiológicamente necesito escribir, y pienso que el periodismo es la cura, la droga contra el desencanto del mundo.

El único oficio que nos impide caer en la barbarie

En su célebre libro del mismo título, el gran historiador del tiempo presente y periodista supremo,Ryszard Kapuściński, dictaba cátedra de buen periodismo con una sola frase:

"Los cínicos no sirven para este oficio".

 

Cuando llegué a pedir trabajo a una redacción de un diario en Chetumal hace media vida, el jefe de redacción me dijo que por qué quería trabajar de reportero. Yo le cité esa frase del maestro polaco y no me entendió, y le cité otra, de Paco Ignacio Taibo II:
"El periodismo es la última pinche barrera que nos impide caer en la barbarie".
El burócrata que me atendió, aparte de que nunca en su vida había leído al polaco y a Taibo II, con el tiempo supe que era un completo bárbaro, dueño de un cinismo profundo con el que se refocilaba en apuntalar la imagen de la clase política corrupta made in Chetumal.


Yo no soy mula de carga de los poderosos en turno

"Cuando el seudo-periodismo se degrada a ser mula de carga de los poderosos en turno, recuerdo siempre la historia de El Gato Félix, periodista distinguido que con su pluma hizo temblar al gobierno.
Yo sigo los preceptos del Gato Félix, el periodismo verdadero es insobornable, inclaudicable, indomeñable... Prefiero morir de hambre a ser mula de carga de los poderosos..."
De un ensayo inconcluso sobre el periodismo en el Caribe mexicano


Pecios de un enamorado del periodismo


El periodismo partidista no pasa la prueba de fuego contra el periodismo combativo.

Los verdaderos periodistas nunca felicitan a ningún grillo por su cumpleaños. El periodismo es distancia y crítica ante el poder.

Lo que me preocupa no es la carencia de conocimientos de gramática del periodismo en el Caribe, sino su analfabetismo científico.

En los ámbitos de la literatura uno no está obligado a decir la verdad. En el periodismo y la historia uno está obligado a construir la verdad.


Lo que me preocupa no es la carencia de conocimientos de gramática del periodismo en el Caribe, sino su analfabetismo científico.

¿Los periodistas son activistas? No lo creo. Pero tampoco deben servir de comparsas o brazos ejecutores mediáticos del poder. El verdadero periodismo se hace buscando el enfoque más cercano a la verdad. Cuando el "Yo" y el "ego" hablan más en el oficio, uno deja de ser periodista.

Ni el historiador ni el periodista deben ser leales al poder. Solo a sus fuentes. Lo demás es política.

Del arte del dicterio

Veniste a pelear

Y ese es el trabajo del periodista.

Hiriente en la palabra,

El dicterio se hizo catedral de tus dudas.


Mi amigo Héctor, el periodista

Héctor es mi amigo, colega y camarada de parrandas y aventuras literarias en Quintana Roo. Héctor Cobá, el de luengas barbas. Un campechano que ha sembrado escuela en el periodismo en Quintana Roo, trabajando las cuestiones culturales, literarias y, a veces, cuando está aburrido, hasta temas políticos.

A Héctor lo conocí hace ocho años en Bacalar, en la Casa del Escritor que se encuentra frente a la laguna siete colores, donde simplemente me senté frente a él, en una mesa donde estaba, y solo para molestarlo porque veía que andaba escribiendo un artículo para la prensa y me interesó esa forma de escribir a martillazos con su lap. Héctor, ni se inmutó, siguió tecleando, pero me soltaba la plática y me respondía a mis comentarios. Le dije que yo igual era periodista, y me dijo que me había leído porque Cobá lee a todos para estar enterado de todo.

En Cancún, hace dos años, frente al parque de las Palapas hicimos un ágape literario en un botanero cercano, mientras libábamos cervezas tibias y cuestionábamos la política del estado y las cosas de Yucatán y Campeche. En 2024, Héctor recibió el premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón, un premio lo que reconoce su largo trabajo de más de tres décadas al frente de indistintos periódicos de Campeche y Quintana Roo.

Y sí, se trata de un periodista de la vieja escuela, pero a la vanguardia.

Desde Macondo Chetumal

El veterano periodista me dijo:

-La gente es estúpida, fácil de convencer. Si el Macho de Macondo quería que este frasco de sal fuera azúcar, nosotros haríamos creer a la gente que se trataba de azúcar.



jueves, 12 de marzo de 2026

Historias del Viejo Territorio de Quintana Roo: el Ramirismo

Fuente: AGEQROO. Margarito Ramírez y López Mateos inaugurando un edificio en Chetumal, 1957.


En la primera fotografía que inserto, el presidente Adolfo López Mateos y el sempiterno gobernador del Territorio, don Margarito Ramírez (de traje albo), suben unas escaleras de un edificio en Chetumal. Era el año de 1957, le faltarían dos últimos años de gobierno a don Margarito, el hombre del exilio que ayudó a construir las bases de una larga transición del Territorio hacia el estado.
La única persona que comprendió, sin esos odios caníbales que solo se dan en provincia, al periodo de "El Ramirismo" (1944-1959), fue la desaparecida historiadora y fundadora del Archivo de Quintana Roo, María Teresa Gamboa.
En 1998, como producto de sus puntillosas investigaciones en el Archivo de Quintana Roo y el AGN, Gamboa escribió una serie de seminales ensayos sobre los años del exilio de un oscuro y antiguo maquinista de ferrocarriles, que una noche del 11 de abril de 1920 los cielos de la política nacional se le abrieron de forma total. Ese día, el joven maquinista Margarito Ramírez, de 29 años apenas, dio refugio en su humilde casa al General invicto, Álvaro Obregón, candidato a la presidencia de México sin la venia de Carranza, que necesitaba salir del cerco que Carranza ya le había confeccionado para eliminarlo; y no solo le dio comida, techo y agua, en una genialidad, también lo vistió de obrero del tren, le dio un quinqué, lo chamusqueó de hollín, y lo condujo hacia Guerrero donde hombres leales a él lo esperaban.

"La rebelión sonorense contra Carranza comenzó el 11 de abril de 1920, fecha en que Obregón se escondió en la casa del ferrocarrilero Margarito Ramírez". Dulles, Ayer en México...p. 37.


Cuando el Manco de Celaya tomó el poder, Ramírez supo que su vida cambiaría. En efecto, fue diputado federal, fue senador, gobernador interino de su estado natal, Jalisco, líder ferrocarrilero nacional, y durante 14 años, nueve meses y 14 días, el hombre fuerte del Territorio de Quintana Roo.
Los detractores de don Margarito son legión desde los primeros tiempos de sus días como gobernante del Territorio. Consideran que su largo mandato "cuasi dictatorial" fue "el más combatido y el más odiado por el pueblo” al que nunca tuvo acercamiento y vivió los años de su “exilio”, sin trabazón alguna con la población.
Se olvidan decir que el otrora Territorio de Quintana Roo no tenía los elementos suficientes para erigirse como Estado, y que habría que ver el Ramirismo como el puente largo entre la formación del estado (1880-1940), para engarzarlo hacia la modernidad y la supuesta “liberación política” a partir de 1974, donde una casta gobernante autóctona, bajo las siglas priístas, copó el poder amparada por unas reglas del juego para nada democráticos, en sintonía con el espectro político nacional, que apenas se comenzó a disgregar a partir de 1988. Los que vendrían luego, no fueron para nada diferentes, cualitativamente hablando, a la obsesión de poder que tenía don Margarito.




El loco Medina Alonso, dueño de la finca Santa Rosa



(Texto escrito el 4 de noviembre de 2016)


Viajando en "el Mayab", autobuses de segunda que son a veces hornos, y otras, hieleras; me topo con Alejandro Medina, el hijo de Armando, "el loco" Medina, el que fuera amo y señor del latifundio Santa Rosa, y quien en la fiebre del chicle inundara el Territorio de Quintana Roo con sus chicleros.
Senador por el PRI, Armando Medina Alonso obtuvo de Lázaro Cárdenas una inafectabilidad ganadera para sus 14,000 hectáreas de buena tierra (según documentos encontrados en el Registro Agrario de Mérida). Santa Rosa y Dziuché eran de él.
Dicen que dio muerte al Chino Lam en el antiguo Payo Obispo para sacar del poder al doctor José Siurob; dicen que obtuvo el dinero necesario para subir a la Montaña chiclera con su primera cuadrilla de chicleros de Tuxpan y de Peto, jugando en una cantina de Mérida a la ruleta rusa frente a los ricos de allá, que apostaron todo su dinero para que el loco Medina se volara los sesos, cosa que se quedaron esperando porque el loco sobrevivió y se agenció la fortuna de aquellos petimetres de poca monta.
Cuando Margarito Ramírez, el dictador del Territorio, le puso un impuesto honeroso al chicle, Medina protestó, y Margarito en persona se presentó a Santa Rosa para encañonar a Medina. El hombre, hijo del que fijó las coordenadas eternas del Punto Put, le dijo al jaliscience: "si me matas, conmigo se acaban tus aspiraciones de poder vitalicio". Margarito retrocedió de inmediato.
Hoy todo eso es pasado. La casona de Santa Rosa, finca azucarera, maicera y chiclera que en un lejano tiempo fue el granero del sur, tiene una pátina de olvido y de tiempo estancado.
Pocos recuerdan a Armando, el hombre que trajo a Francisco Sarabia y sus aviones a la Península cuando el ruido y furia del chicle.

Defensa enésima del periodismo crítico

Por Gilberto Avilez Yo siempre quise ser periodista y escritor. En mis años universitarios, fui corrector de estilo e hice pininos de repor...

El autor de este blog

El autor de este blog