En 1881, en su visita a los pueblos del sur, el ameritado historiador primero de la Guerra de Castas, Serapio Baqueiro, escribió esta estampa de Tzucacab: “Tzucacab más que un pueblo, es una trinchera frente al desierto; una garita en que los centinelas esperan anunciar de un momento á otro al enemigo, que no pocas veces se ha presentado allí, algunas en altas horas de la noche”. Con estas palabras, Baqueiro se refería a los temidos “cruzoob”, que en innumerables ocasiones visitaron los pueblos del sur, saqueando, incendiando y llevándose cautivos para los ranchos de sus jefes. Crecido en tierras feraces para la caña de azúcar, Tzucacab era un lugar despejado donde solo reinaban los pocos habitantes taciturnos, era un “pequeño pero airoso” pueblo que no había sucumbido a la larga guerra. Pero algo conmovía al escritor Baqueiro al rememorar esa guerra que aún no había acabado: “Nos conmovía ver a los habitantes, bizarros y resignados, no solo viviendo de su trabajo con los útiles e...
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.