Quincallas, ultramarinos, quesos de importación, rones medio finos y whiskys de la pérfida Albión, turrones londinenses, mantequillas y galletas danesas, queso "nordic" de lata azul que fungía siempre de cajón provisional para la Singer de mi madre, el Chetumal de antaño, el de buena madera y buenos productos de otras tierras, de cuando no se había firmado el NAFTA y México no había abierto sus puertas al mundo, vive y espera. En esos tiempos de fines de la guerra fría y de los últimos estertores de la chiclería, la bonanza comercial había transmutado al curvato en un cuerno ebúrneo de la abundancia. Surgieron entonces los "chetumalitos" en Mérida y otros pueblos y se disparó el realismo mágico de las laterías que permitían sentirnos menos pueblerinos y más viajeros trotamundos. Fue cuando el curvato, hoy tan triste y desolado, dio muestras de riquezas desaforadas, y en pueblos como Dziuché o el Km 80, habían malparido a los barones de la fayuca debido a las gananc...
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.