(Antipoema para cantarse en las barcas) Los poetas oficiales, los académicos de tropa silenciosa, no escriben contra la muerte venida con la barbarie. Los poetas oficiales, los duchos del monotema, solo tienen palabras para las abejas, para las flores y otras pendejadas. Las abejas se cuidan solas, las flores las riega Dios, no escupan a las abejas este día, no intenten descubrir el destino de la flor, los que han callado cuando debieron gritar, hablar y romper todas las cuerdas vocales.
Este blog continúa con mis temas centrales y mis obsesiones cotidianas que toqué en innumerables ocasiones en Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. A saber, la historia de la Península de Yucatán, la literatura, el quehacer político y la ciencia política, mis acercamientos anfractuosos con la poesía y la narrativa, el rescate de las memorias y el olvido aparente de lugares y personas. De algún modo, es un intento de modificar la realidad mediante los ejercicios literarios.