Ir al contenido principal

El turco Maffud, lector de Marta Lamas



En una librería del centro de Mérida, que dirige muy bien mi amigo el turco Maffud, una vez llegó un lote de libros de Marta Lamas, una gurú del feminismo charro.
El turco, viendo los títulos, incomprensibles para un patriarca como él, intrigado, me preguntó en dónde los pondría para su venta rápida. Le dije que yo no sabía de eso, nunca la había leído a esa mujer y no podría dar mi opinión, si en el librero de psicología o en psiquiatría, y la cosa quedó allá.
A la semana siguiente, regresé a platicar nuevamente con mi amigo el turco Maffud y a ver si había algo de nuevo en textos de historia o de antropología. Maffudd, con una sonrisa similar a su panza de beodo maratónico, de oreja a oreja, me dijo que pasara, igual me dijo que por fin había resuelto el lote de esos libros raros e incomprensibles a la primera lectura, de la tal Marta Lamas.
Resulta que el patriarca Mafudd, padre de hijos naturales y desnaturalizados, se dio a la tarea de leerlos todos, cuatro días con sus noches en vela pasó engolfado en la lectura de esos libros, sin salir de su cuarto y comiendo apenas galletas con café y fumando como maldita chimenea.
A la mañana final de su periplo lectural, Maffud, ojeroso y cansado, salió con esos libros y sólo pudo decir a su mujer: "Esto es mierda como la del brasileño aquel".

Y como portento de bibliotecario, los libros de Martas Lamas se encuentran, desde aquel día, en la librería de viejo del turco Maffud, junto con los de Coelho y Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"Una voz se oye desde el norte del paseo: ¡Bienvenido Montejo!, ¿por qué has tardado tanto en llegar? Hace 100 años que espero tu arribo, dice Justo Sierra desde su pedestal"

Esa valiente frase que se lee en el título de este breve comentario, proferida el 30 de junio de 2010 por el orador principal de la inauguración de las estatuas de los Montejo (padre e hijo, faltaría el sobrino), en el remate de la avenida con el nombre de los "conquistadores" de Yucatán, quedará para la historia universal de la imbecilidad en Yucatán, una frase digna de grabar en bronces para memoria futura. Valiente, sí, y sincera. Valiente y sincera porque demuestra que a sólo un reverendo valiente se le pudo ocurrir semejante estropicio, valiente porque demuestra la relación montejista con Sierra O'Reilly -el acuñador del concepto bárbaro de los discursos de la guerra de castas, el que aplaudió la venta de mayas a Cuba por parte de la sociedad ladina yucateca, el que dijera la frase "raza maldita", etc, etc. Esa frase, en apariencia inocua, lo dijo un viejito cascarrabias, gruñón y altamente hispanista acostumbrado a escribir "chucherías" de la hi...

El supremo capón (cuento contrarrevolucionario)

  Por Gilberto Avilez   “Se acabó la diversión, Llegó el Comandante Y mandó a parar.”   (Letra de Carlos Puebla, aunque uno preguntaría, ¿qué es lo que mandó a parar el Comandante?, ¿el tiempo, su muerte?)   Allá en mi pueblo -un pueblo sin crepúsculos arrebolados que siempre fue conservador y porfiriano en sus tiempos mejores-, se decía cosas de Cuba y del comunismo, que escuchaba desde mis muy infantes años de la última década del socialismo real anterior a la caída del Muro de Berlin. Estas consejas pueblerinas iban desde alabanzas acríticas a esa gigantesca mazmorra isleña, hasta execraciones malignas proferidas por los beatos del pueblo: que de Cuba nada bueno –salvo Reinaldo Arenas, Cabrera Infante y otros grandes disidentes como Huber Matos- salió desde que llegó Fidel y “mandó a parar” y mandó a defenestrar el tiempo para imponer un único tiempo: el tiempo de la “Revolución”, petrificando hasta las olas del mar de aquella inmensa mazmorra tropical.   ...

Prólogo para Desde la Península…y las inmediaciones de mi hamaca

  Por Potronilo de Tihosuco , mecenas literario del Dr. Gilberto Avilez   Querido amigo Dr. Avilez, he conocido hasta los intríngulis abigarrados de tus afanes literarios e históricos, indagando sobre las cosas de Yucatán y Quintana Roo, cual nuevo Landa que decide a tiempo no quemar los libros y papeles de los nuevos gentiles, sino arrejuntarlos en una biblioteca total para memoria futura. Ahora me pides, encarecidamente, un prólogo a tu libro ( Desde la Península...y las inmediaciones de mi hamaca ) donde haces una selección fina, erudita y sabrosa de tus mejores textos con que has engalanado tus pensamientos y divagaciones más abstrusas por el amplio campo de la investigada peninsular. Sabrá usted que yo, como el gran Sócrates, como el Quijote que una vez quiso escribir libros de caballerías pero que nunca avanzó más allá de una cuesta,   y como casi Rulfo y sus dos libros hermosos, no escribo aunque sea un lector carnívoro el cual no se llena con literaturas p...