Ir al contenido principal

El turco Maffud, lector de Marta Lamas



En una librería del centro de Mérida, que dirige muy bien mi amigo el turco Maffud, una vez llegó un lote de libros de Marta Lamas, una gurú del feminismo charro.
El turco, viendo los títulos, incomprensibles para un patriarca como él, intrigado, me preguntó en dónde los pondría para su venta rápida. Le dije que yo no sabía de eso, nunca la había leído a esa mujer y no podría dar mi opinión, si en el librero de psicología o en psiquiatría, y la cosa quedó allá.
A la semana siguiente, regresé a platicar nuevamente con mi amigo el turco Maffud y a ver si había algo de nuevo en textos de historia o de antropología. Maffudd, con una sonrisa similar a su panza de beodo maratónico, de oreja a oreja, me dijo que pasara, igual me dijo que por fin había resuelto el lote de esos libros raros e incomprensibles a la primera lectura, de la tal Marta Lamas.
Resulta que el patriarca Mafudd, padre de hijos naturales y desnaturalizados, se dio a la tarea de leerlos todos, cuatro días con sus noches en vela pasó engolfado en la lectura de esos libros, sin salir de su cuarto y comiendo apenas galletas con café y fumando como maldita chimenea.
A la mañana final de su periplo lectural, Maffud, ojeroso y cansado, salió con esos libros y sólo pudo decir a su mujer: "Esto es mierda como la del brasileño aquel".

Y como portento de bibliotecario, los libros de Martas Lamas se encuentran, desde aquel día, en la librería de viejo del turco Maffud, junto con los de Coelho y Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Elogio de las bibliotecas públicas que faltan en Quintana Roo

Hace unos días obtuve por enésima vez mi credencial de lector y usuario de una biblioteca pública, en este caso, de la biblioteca pública de un pueblo congestionado de polvo del Quintana Roo profundo. No me habían ni firmado la credencial de usuario, cuando ya tenía en mis manos unas joyas del pensamiento humano que voy leyendo despacio, deleitándome con la urdimbre lingüística, piezas de orfebrería del ingenio de los hombres que nos reconcilian con la parte civilizada de la humanidad. Mientras me encontraba tirado en mi chinchorro, bebiendo breves sorbos de un ron cubano al mismo tiempo que leía la poesía completa de Lezama Lima y me entretenía en la narrativa erudita de Los 1001 años de la lengua española de don Antonio Alatorre y asaltaba la prosa clarividente de Borges y rumiaba un tratado de León-Portilla (mis lecturas siempre han sido dispersas y caóticas), me di cuenta de una triste realidad que acaece en este trópico manchado de sol, de selva y de gan...

"Una voz se oye desde el norte del paseo: ¡Bienvenido Montejo!, ¿por qué has tardado tanto en llegar? Hace 100 años que espero tu arribo, dice Justo Sierra desde su pedestal"

Esa valiente frase que se lee en el título de este breve comentario, proferida el 30 de junio de 2010 por el orador principal de la inauguración de las estatuas de los Montejo (padre e hijo, faltaría el sobrino), en el remate de la avenida con el nombre de los "conquistadores" de Yucatán, quedará para la historia universal de la imbecilidad en Yucatán, una frase digna de grabar en bronces para memoria futura. Valiente, sí, y sincera. Valiente y sincera porque demuestra que a sólo un reverendo valiente se le pudo ocurrir semejante estropicio, valiente porque demuestra la relación montejista con Sierra O'Reilly -el acuñador del concepto bárbaro de los discursos de la guerra de castas, el que aplaudió la venta de mayas a Cuba por parte de la sociedad ladina yucateca, el que dijera la frase "raza maldita", etc, etc. Esa frase, en apariencia inocua, lo dijo un viejito cascarrabias, gruñón y altamente hispanista acostumbrado a escribir "chucherías" de la hi...

Prólogo para Desde la Península…y las inmediaciones de mi hamaca

  Por Potronilo de Tihosuco , mecenas literario del Dr. Gilberto Avilez   Querido amigo Dr. Avilez, he conocido hasta los intríngulis abigarrados de tus afanes literarios e históricos, indagando sobre las cosas de Yucatán y Quintana Roo, cual nuevo Landa que decide a tiempo no quemar los libros y papeles de los nuevos gentiles, sino arrejuntarlos en una biblioteca total para memoria futura. Ahora me pides, encarecidamente, un prólogo a tu libro ( Desde la Península...y las inmediaciones de mi hamaca ) donde haces una selección fina, erudita y sabrosa de tus mejores textos con que has engalanado tus pensamientos y divagaciones más abstrusas por el amplio campo de la investigada peninsular. Sabrá usted que yo, como el gran Sócrates, como el Quijote que una vez quiso escribir libros de caballerías pero que nunca avanzó más allá de una cuesta,   y como casi Rulfo y sus dos libros hermosos, no escribo aunque sea un lector carnívoro el cual no se llena con literaturas p...