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La civilización vampírica



La vieja fiebre y la secular obsesión de Occidente por piezas arqueológicas, documentos, tesoros de civilizaciones extravíadas en el tiempo, no es de hoy, en Palmira, es de ayer y de antier: sucedió en otros lugares y en otros tiempos. Hace más de 500 años, en los barcos del saqueo español, junto con el quinto real, se mandaba a Europa códices de las memorias indígenas rotas por la conquista. Este saqueo cultural siguió a lo largo de la colonia y en otros puntos distintos a América: en África, en Asia, en China.
La civilización europea, donde se gestó el capitalismo depredador, en esta óptica podemos concebirla como una civilización vampírica y una civilización de saqueadores contumaces: detrás de los museos y las bibliotecas infinitas que arroban al imbécil colonizado que visita París, Madrid o Londres, las apoyaturas y el cemento de sus muros museográficos se ha construido, lenta o rápidamente, sobre las tierras quemadas, las conquistas de los idólatras, las guerras por el oro y la extensión de los imperios.
Hace poco tiempo, en Yucatán, un lugar cuya constante histórica es la de haber fungido como un pueblo saqueado y vampirizado tanto por sus élites regionales como sus pares extranjeros, el saqueo archivístico y bibliográfico se llevó a cabo de forma constante, y la llevó a cabo un francés de apellido Antochiw, ese mismo francés que la enfermedad de ciertos meridanos reconocen como maestro y fundador de instituciones.

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