Fuente: AGEQROO. Margarito Ramírez y López Mateos inaugurando un edificio en Chetumal, 1957.
En la primera fotografía que inserto, el presidente Adolfo López Mateos y el sempiterno gobernador del Territorio, don Margarito Ramírez (de traje albo), suben unas escaleras de un edificio en Chetumal. Era el año de 1957, le faltarían dos últimos años de gobierno a don Margarito, el hombre del exilio que ayudó a construir las bases de una larga transición del Territorio hacia el estado.
La única persona que comprendió, sin esos odios caníbales que solo se dan en provincia, al periodo de "El Ramirismo" (1944-1959), fue la desaparecida historiadora y fundadora del Archivo de Quintana Roo, María Teresa Gamboa.
En 1998, como producto de sus puntillosas investigaciones en el Archivo de Quintana Roo y el AGN, Gamboa escribió una serie de seminales ensayos sobre los años del exilio de un oscuro y antiguo maquinista de ferrocarriles, que una noche del 11 de abril de 1920 los cielos de la política nacional se le abrieron de forma total. Ese día, el joven maquinista Margarito Ramírez, de 29 años apenas, dio refugio en su humilde casa al General invicto, Álvaro Obregón, candidato a la presidencia de México sin la venia de Carranza, que necesitaba salir del cerco que Carranza ya le había confeccionado para eliminarlo; y no solo le dio comida, techo y agua, en una genialidad, también lo vistió de obrero del tren, le dio un quinqué, lo chamusqueó de hollín, y lo condujo hacia Guerrero donde hombres leales a él lo esperaban.
"La rebelión sonorense contra Carranza comenzó el 11 de abril de 1920, fecha en que Obregón se escondió en la casa del ferrocarrilero Margarito Ramírez". Dulles, Ayer en México...p. 37.
Cuando el Manco de Celaya tomó el poder, Ramírez supo que su vida cambiaría. En efecto, fue diputado federal, fue senador, gobernador interino de su estado natal, Jalisco, líder ferrocarrilero nacional, y durante 14 años, nueve meses y 14 días, el hombre fuerte del Territorio de Quintana Roo.
Los detractores de don Margarito son legión desde los primeros tiempos de sus días como gobernante del Territorio. Consideran que su largo mandato "cuasi dictatorial" fue "el más combatido y el más odiado por el pueblo” al que nunca tuvo acercamiento y vivió los años de su “exilio”, sin trabazón alguna con la población.
Se olvidan decir que el otrora Territorio de Quintana Roo no tenía los elementos suficientes para erigirse como Estado, y que habría que ver el Ramirismo como el puente largo entre la formación del estado (1880-1940), para engarzarlo hacia la modernidad y la supuesta “liberación política” a partir de 1974, donde una casta gobernante autóctona, bajo las siglas priístas, copó el poder amparada por unas reglas del juego para nada democráticos, en sintonía con el espectro político nacional, que apenas se comenzó a disgregar a partir de 1988. Los que vendrían luego, no fueron para nada diferentes, cualitativamente hablando, a la obsesión de poder que tenía don Margarito.


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