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Los perros de Washington







[De un poemario inédito mío, va este poema que escribí hace más de 15 años, y lo publico al saber que, en menos de un mes de haber tomado el control de la Casa Blanca, Joe Biden, un halconazo hasta las heces, ha dado la anuencia para bombardear al pueblo en resistencia de Siria]


Dicta la noche luceros, 
crepitaciones de antaño.
Días soleados como espalda de muchacha estival.
Dicta, impasible, rostros intangibles de las personas que yo más quiero.
Salutación al día frío de mi pueblo en la mañana invernal,
salutación al compatriota vestido con los harapos de su vida, 
salutación al son de mi pueblo asido a mí,
a mi memoria vespertina.
La desnuda luna de Chetumal sonríe acatarrada.
Hay pájaros de niebla en la mirada del mundo.
Tanques, soldados sin prepucio que fuman, blasfeman
y tiran guijarros balísticos a los niños palestinos.
¿De cuando acá un hombre, una mujer o su hijo
se cinchan la barriga con tres kilogramos de explosivos
y se hacen explotar en una plaza o centro comercial
con el fin único de liberarse de la cárcel de su hermano?
Se odian porque son del mismo padre,
raza peleonera los hijos de Abraham.




Los perros de Washington ladran al Mesías
que ha nacido ya con hambre capitalista
y que ocupa el trono blanco de Herodes Antipas,
la mitra del papa onanista
y las cadenas Tiffany del barrabás oligarca.
Los perros de Washington, amigos míos,
no saben que la luna no es pista aeronáutica 
sino un sueño islámico hondamente sentido.
Los perros de Washington olvidan todo,
su virtud es desdeñar el rostro de los otros.
Preguntaréis: “¿Y donde estás, oh justicia divina?”
Pero nadie os responderá.
En los pasillos del cielo
sólo el vacío de un dios
comparte esperanzas
con la negra noche
de todos los tiempos
de un tiempo olvidado.

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