Te conocí hace más de una década
en mi primer blog, Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. Luego,
las redes sociales nos acercaron, hubo un trato cordial, nunca discutimos, creo
que nos respetábamos o nos tolerábamos. Muchos hablaron mal de ti, yo no,
aunque tuve fuertes discrepancias de lo que opinabas. No creo que hayas sido
polémico solamente, fuiste lo que muy pocos se han atrevido a ser: un ser
libre, un periodista tremendamente corrosivo en tus escritos cuando se presentaba la ocasión
de disentir de todos y contra todos, y en esa libertad radical aceptabas que
escritores yucatecos que no hemos tenido cabida en el establishment de los
botafumeiros del sistema podrido made in sede-inculta, con opiniones de
izquierda diametralmente distintas a las tuyas, tuviéramos cabida en tus
portales. Me complacía compartir el mismo espacio virtual con el maestro Pedro
Echeverría, al quien le diste también cabida, tu portal fungió como los viejos
dazibaos de la Plaza Grande del maestro. Cada vez que escribía en mi blog, tú
te dabas a la tarea de subir inmediatamente mis textos a tu portal Libertad deexpresión, en la sección Yucatán histórico. Nunca hablamos en persona, nunca te dije
gracias, ya no tendré oportunidad de decírtelo. Descanse en paz, Pepe, siempre
te recordaré como el joven veinteañero con gorra que, de vez en cuando, reía.
"Una voz se oye desde el norte del paseo: ¡Bienvenido Montejo!, ¿por qué has tardado tanto en llegar? Hace 100 años que espero tu arribo, dice Justo Sierra desde su pedestal"
Esa valiente frase que se lee en el título de este breve comentario, proferida el 30 de junio de 2010 por el orador principal de la inauguración de las estatuas de los Montejo (padre e hijo, faltaría el sobrino), en el remate de la avenida con el nombre de los "conquistadores" de Yucatán, quedará para la historia universal de la imbecilidad en Yucatán, una frase digna de grabar en bronces para memoria futura. Valiente, sí, y sincera. Valiente y sincera porque demuestra que a sólo un reverendo valiente se le pudo ocurrir semejante estropicio, valiente porque demuestra la relación montejista con Sierra O'Reilly -el acuñador del concepto bárbaro de los discursos de la guerra de castas, el que aplaudió la venta de mayas a Cuba por parte de la sociedad ladina yucateca, el que dijera la frase "raza maldita", etc, etc. Esa frase, en apariencia inocua, lo dijo un viejito cascarrabias, gruñón y altamente hispanista acostumbrado a escribir "chucherías" de la hi...

Comentarios
Publicar un comentario