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Entre fatwas y fetuas: el caso de Brenda Lozano y la 4t torquemadezca

 



 

El caso de Brenda Lozano no es un regreso de cuarenta años al presidencialismo que no acepta la mínima crítica posible, sino un nuevo comienzo de algo más grotesco, de una especie de regreso colonial del patíbulo público de la santa inquisición para enjuiciar a los disidentes o apóstatas al dogma del poder actual: es el comienzo del Jomeini tropical. A Brenda la cesaron antes de tiempo no por un artículo, menos por un ensayo de alto calado, o una novela contra el régimen actual, la joven escritora ha sido señalada directamente por la mano fulmínea del Tlatoani por cosa menos que nada. ¿Y cuál fue su culpa? Publicar dos o tres tuiters en contra del tlatoani, tuiters que eran memes, chacotas y burlas nimias. A Brenda no le vieron sus dotes de escritora y novelista, tampoco su empuje en la nueva narrativa mexicana. En el gobierno priísta de hace unos años, en las embajadas había escritores que escribían durísimo contra el sistema, que analizaban con profundidad esos años, pero que tenían libertad para hacerlo. Ahora, en este nuevo gobierno supuestamente de izquierda, se salta épocas atrás, casi eras geológicas para complacer al Ayatola tropical. Ahí tienen ustedes a los adictos a la 4t señalando que los panistas se parecen a los talibanes. Eso es mentira, cada vez es más evidente el totalitarismo tropical: el que disiente es un nostálgico del pasado, un defensor del neoliberalismo, un desclasado y fifí. El caso de Brenda Lozano no es cosa para dejarlo pasar así solamente, pues tiene aristas profundas de un gobierno de ayatolas y que pronto estará haciendo fatwas y fetuas, bordeando cada vez más el totalitarismo más obtuso.

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