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¿Por qué don Porfis y Luis Echeverría no están y no estarán en el muro de honor del congreso de Quintana Roo?

Por Gilberto Avilez Tax. 
Dr. en Historia, especialista en la historia de Quintana Roo y Yucatán




La respuesta se traduce en lo siguiente: en Quintana Roo se idealiza el pasado, se execra de ciertos hombres (verbigracia, Margarito Ramírez), se ponderan otros periodos (la Guerra de Castas, el chicle, el turismo), y se omiten a los que en verdad posibilitaron la estructuración de este Estado: era cosa de huaches y yucatecos.

Yo leo los discursos de los gobernadores del Territorio, de Aarón Merino a David Gustavo Gutiérrez. Una labor titánica para forjar el destino de esta región llena de pantanos, paludismo y poca población; los gobernadores fungían como las miradas, manos y ojos del centro para controlar un territorio siempre en disputa. La cosa no fue nada sencilla, se tenía que forjar todo desde cero, ni carreteras troncales ni lo mínimo había en el territorio continental porque las islas y Chetumal eran otra cosa.

 


¿Por qué no don Porfis? En 2013, un diputado presidente de la Gran Comisión del Congreso de Quintana Roo propuso lo impensable, que se inscriba con letras de oro el nombre de la Esfinge tuxtepecana que hizo valedero en 1901 la soberanía de la nación en este punto alejado de la patria, y fue cuando ardió Troya y salieron a relucir los indigenismos tropicales más radicales: ¿cómo se atrevía?, esto era un insulto a los mayas, un despropósito de la historia, un oprobio para Quintana Roo instituir en el sacrosanto recinto legislativo el nombre del dictador. Ahí quedó la cosa porque es políticamente incorrecto mencionar al "pacificador" de los mayas rebeldes (y de los yaquis y tantos grupos indígenas que quedaban por ahí en actitud belicosa, en ese largo siglo XIX que terminó apenas en 1910).


¿Y por qué Echeverría no? Porque su destierro comenzó, precisamente, en 1982, con la llegada de los neoliberales al poder y porque la carga del 68 y Corpus Christi y los halcones lo imposibilitan para acercarse siquiera a su obra que ha entrado en crisis por la violencia sistemática, me refiero al proyecto Cancún. Echeverría es el padre de más de uno de los constituyentes del estado, pero nadie osa decir su parentesco, todos resultaron ser los cuervos de la clásica moraleja. 


 


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